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Diagnóstico e intervención diferencial

Gloria Lucia Sierra Agudelo.

Son muchos los términos que se han acuñado en la historia, para nombrar a las poblaciones que presentan condiciones singulares en su actividad psíquica, intelectual y social. Se le han llamado anormales, limitados, retrasados, especiales, discapacitados. Actualmente se habla de personas con “barreras para el aprendizaje y la participa­ción” (Ainscow, 1999; Booth, 2000; Booth y Ains­cow, 2002), término que apenas empieza a filtrarse en la literatura científica y formal en vigencia, y que puede hacerse equivalente al de necesidades educativas especiales.

Al parecer los distintos estamentos académicos y oficiales perciben, en cierto momento, el ago­tamiento en el uso común de sus categorías y proponen entonces una nueva, que supone una modificación en la manera como se concibe el fenómeno. Sin dejar de reconocer el esfuerzo que hacen dichas comunidades al establecer conceptos, que describan cada vez mejor a las poblaciones en cuestión, no podemos dejar de pensar que en ese intento, hay un punto de exceso que denota cierta imposibilidad de nombrar una condición tan amplia.

Es muy difícil reconocer, haciendo uso de una sola denominación, al enorme universo que abarca la gran diversidad de diagnósticos, de origen médico, psicológico y pedagógico que se incluyen cuando hablamos de necesidades educativas especiales. En esta categoría, están contenidas tanto las personas que por razones orgánicas como un síndrome, poseen un funcionamiento intelectual afectado, como aquellas que por efecto de una situación familiar traumática, no responden a los estándares académicos trazados por la educación formal.
Esta diferenciación de la población ubicada en el marco de la discapacidad, puede ser convenien­te para el interés oficial, que necesita separar la población en categorías muy generales, para disponer programas y recursos que políticamente tengan mayor impacto en la opinión pública.

Tiene repercusión favorable también para la sociedad, que en el ritmo que impone la lógica de la pro­ducción, presenta intereses mínimos, en emitir soluciones a los problemas de los que no se quiere ocupar. En ambas direcciones, resulta totalmente provechoso para el sistema en general, que puede desligarse de la exigencia que implicaría respon­der a los requerimientos de cada sector de esta población, según las necesidades particulares que cada uno de ellos presenta.

Lo inadecuado de la designación de esta catego­ría globalizante, sale a relucir en los procesos de atención que se disponen, a nivel oficial y privado, para las personas que presentan alguna dificultad en su integración escolar y social.

No es nada extraño observar en las aulas especia­les establecidas en las instituciones, una variedad de diagnósticos y condiciones particulares a nivel cognitivo y social, que hacen impensable una in­tervención colectiva que los beneficie a todos. No podemos dejar de reconocer que en muchos casos pueden plantearse programas genéricos grupales con buenos resultados, pero el hecho de que estos funcionen en casos específicos, no puede hacernos pensar que esta sea la dirección pertinente.

En la experiencia institucional de la CORPORA­CION SER ESPECIAL desde sus orígenes, hemos observado con preocupación, la condición de inde­terminación o multiplicidad diagnóstica, con la que llegan muchos de los muchachos que atendemos. Algunos de ellos presentan una verdadera colec­ción de etiquetas con las que han sido nombrados, provenientes de las distintas disciplinas por las que han sido evaluados. Otros, por el contrario, traen en su historia médica un diagnóstico tan generalizado como el de retraso en el desarrollo, sin más comentarios ni evidencias de rastreo eva­luativo alguno.

Lo que nos permite concluir esta situación, es que los diagnósticos, muchos o pocos, tiene una relevancia muy cuestionada, cuando se trata de obtener una verdadera información sobre la vida anímica del niño. No son pocas las ocasiones en que después de evaluar a un muchacho, nos perca­tamos de que lo que indican sus diagnósticos, nada tiene que ver con lo que se observa en el trabajo directo con él. En relación a esta anotación, hay que tener en cuenta, que las condiciones que rodean un proceso de evaluación diagnóstica, en estos casos, no siempre son las más adecuadas y que por tanto los resultados, en muchas ocasiones, están afectados por una serie incalculable de variantes.

Con diagnostico o no, lo cierto es que el hecho de presentar funcionalidades inferiores en algunas habilidades adaptativas, no hace que un grupo de personas pueda ser atendido uniformemente. Cada uno de ellos, aunque todos presenten la misma condición diagnóstica, por ejemplo autismo, que resulta siendo un mundo completamente único y diferenciado. Esta condición nos permite ver, como es apenas lógico, que las necesidades de cada uno de ellos son absolutamente singulares, tal como lo son las de todos los seres humanos.

La indeterminación diagnóstica o más bien la homologación de tratamientos dirigidos a las personas que presentan necesidades educativas especiales, no se presenta únicamente en nues­tro medio. Llama la atención que de igual manera se conduzcan las instituciones de las sociedades llamadas desarrolladas, como las europeas y esta­dounidenses. Esta similitud en el proceder general de comunidades tan distantes unas de otras, nos permite evidenciar el lugar que se les da a las personas de rendimientos diferenciales, en la con­temporaneidad. No es entonces una concepción local de la problemática, la que determina esta posición colectiva de indiferencia, sino más bien que estamos ante la presencia de un fenómeno transcultural que atraviesa las fronteras.

A pesar de esta influencia generalizada y contan­do con los parámetros que soportan los modelos que imperan en los distintos planes de atención especializada vigentes en la oficialidad, en CORPORACIÓN SER ESPECIAL, hemos procurado siempre abordar las intervenciones, en la lógica del uno por uno. Esto significa que partimos, para determinar cualquier intervención disciplinaria, de los lineamientos que se desprenden de la condición particular del sujeto, a nivel cognitivo, psíquico y social.

Para hacer este enunciado realidad, trabajamos como equipo interdisciplinario en el análisis de cada uno de los casos que atendemos, conside­rando en la discusión factores como el familiar, el comportamental y el escolar. La cotidianidad del niño, con sus vicisitudes y expresiones propias, constituye el material de trabajo con el que cons­truimos hipótesis y trazamos caminos, que son puestos en marcha a través de una intervención concertada entre las distintas disciplinas.

Es posible ver entonces a los muchachos traba­jando juntos en los distintos talleres o espacios académicos que se ofrecen en Ser Especial; eso no significa sin embargo que cada uno de ellos, no esté siendo abordado desde una estrategia di­señada exclusivamente para él. El plan individual en el que cada alumno es atendido, parte de los objetivos que, desde la psicología y la pedagogía, se determinan en el análisis del caso.

Esta atención en el uno por uno, cuenta con el diagnóstico sin lugar a dudas, pero como un ele­mento más en la información general del caso.

Es decir, no es determinante ni en la ubicación del muchacho en un grupo, ni tampoco en la prescripción del tratamiento a seguir. Realmente cuando trabajamos los casos de nuestros alumnos, muchas veces obviamos la información formal que está acumulada en la carpeta y hacemos uso de las observaciones de los maestros, de la descrip­ción de los impases en los que incurre el niño, de las expresiones que emergen en su conversación espontanea, entre muchos otros detalles.

Es sorprendente, pero lo cierto es que abordando el proceso en esa lógica, casi ni nos percatamos de que nuestros alumnos presentan necesidades educativas especiales. Allí el diagnóstico queda en el olvido, porque lo que estamos atendiendo es al niño en su singularidad subjetiva, en sus formas propias de responder al encuentro con la ley, con el afecto, con el cuerpo, con los límites.

¿Puede establecerse entonces, en este contexto, alguna diferencia entre el abordaje de estos ni­ños con el de cualquier otro? Definitivamente no, porque en el ámbito íntimo trazado por la subjeti­vidad, todos tenemos necesidades especiales; allí lo cognitivo, que es lo que le da pie a la categoría de la discapacidad, queda sin lugar.

Existen en el ámbito de la pedagogía y de las ciencias de la salud, una gran cantidad de orien­taciones metodológicas, que fundamentan su intervención en el diagnóstico inicial. En cada una de ellas, el uso de las clasificaciones y dictámenes está justificado, básicamente porque el tratamien­to se soporta en una concepción en la que el factor nosológico y cuantitativo, tiene prevalencia.
En la orientación del trabajo implementado en la CORPORACIÓN SER ESPECIAL, a diferencia de lo anteriormente nombrado, el diagnóstico no ha logrado ubicarse en el lugar preponderante que le ha otorgado la tradición científica a través de la historia. Seguramente es porque se trata de una propuesta institucional, soportada en la decisión de darle lugar al sujeto en toda su dimensión, más allá de su condición orgánica y funcional.

Esta política institucional relativiza en consecuen­cia la importancia de la clasificación nosológica, heredada de la psiquiatría, y del afán rehabilitador vigente en los planes de desarrollo. Lo anterior no significa que no apreciemos el aporte que estas dos fuentes de orientación proveen, sino que privi­legiamos la naturaleza psíquica, que es un común denominador para todos los seres humanos. Esta posición, como es apenas lógico, deja en un segun­do plano el criterio del rendimiento funcional, que es el que le da origen al concepto de necesidades educativas especiales.

Si pensamos en el valor que tiene en la actuali­dad la tarea diagnóstica, tenemos que reconocer el aporte invaluable que tributa en el ámbito de la salud. En las ciencias humanas y educativas, también contribuye de manera irrefutable en la dirección del camino a seguir en cada caso, en tanto brinda la información preliminar, que traza la senda para abordar un tratamiento.

Nos queda claro, de este modo, que el diagnóstico usado prudentemente, puede constituirse en un elemento orientador de gran eficacia en la lectura integral de un caso estudiado. Lo que hace que esta herramienta pierda su verdadero estatuto, no es su función como tal, que sin lugar a dudas es impor­tante, sino el abuso que se hace de la información que brinda, en tanto silencia la observación clínica, como fuente primordial de saber.

Este artículo se publicó en el libro- memorias del Seminario Institucional Corporación Ser Especial 2012
Necesidades Educativas Especiales, intervención pedagógica, psicológica y Familiar